Pigsi Protocolo de Intervención Global y Simultánea

CARME PAU - JULIO ALTOMONTE

DESPATX PEDAGÒGIC MULTIDISCIPLINARI

  
  

CUADRO DE SITUACIÓN (5)

En esta situación, la eventual idea de reclamar por alguna irregularidad que preocupe a los padres, se transforma en una amenaza, por las consecuencias, que silencia cualquier intento, o produce situaciones de extrema violencia, de los padres sobre los docentes, de las que cada vez con más frecuencia nos enteramos.

La creciente estadística de abusos de variada índole sobre niños en el ámbito escolar, impone la reflexión de saber qué criterios de selección se aplican en quienes están a cargo de nuestros hijos, debemos buscar las respuestas a este interrogante, toda vez que el más absoluto hermetismo al respecto es la actitud permanente de las autoridades educativas, de cualquier nivel ante cada uno de estos sucesos.

Los padres hemos delegado prácticamente toda responsabilidad y protagonismo en la educación de nuestros hijos, los motivos pueden ser diferentes, las consecuencias nos igualan.

-Desde los Medios de Comunicación; Bajo la impresentable excusa de mostrar la realidad que “es”con el único y descarado objetivo de escamotear un punto más de audiencia, tanto la programación como la publicidad proponen, exaltan, recrean modelos de conducta, apariencia e interacción que ni tan solo rozan la Educación como tema de sus historias y cuando lo hacen, solo es para marcar a fuego los estereotipos del más fuerte, el más audaz, el más astuto, aquel que medra en el intelecto y el esfuerzo ajeno para resolver la inmediatez de un examen, o impone amenazas y castigos a quienes se atrevan a resistir  sus imposiciones, ninguna historia recrea el cotidiano esfuerzo de los pocos que van al colegio a estudiar, de aquellos que diariamente en el mayor anonimato, transitan la solitaria ruta de la responsabilidad, el cumplimiento, el respeto y la evolución intelectual.

Permanentemente proponen la ancha y bien iluminada vía de las fiestas, los placeres instantáneos, la mejor alegría, las más amplias sonrisas y los seguros éxitos, sin aclarar nunca de donde provienen los medios que permiten tanto ocio y despreocupación. Es evidente que se pretende convencer de la licencia ilimitada para el disfrute, las responsabilidades y el trabajo es de los mayores, también de ellos la implícita obligación sin fecha de vencimiento de procurar los recursos económicos que les permita la disipada vida que disfrutan.

No hace falta más coherencia en estos argumentos, los personajes nunca serán mayores y nuestros hijos parece que tampoco consideran esa posibilidad, más allá de alcanzar la edad, ese mágico número que les permita legalmente, compartir el mundo de los mayores, pero solo en los disfrutes, lejos de las obligaciones.

Cada vez son más las publicidades que cuentan breves historias donde los docentes son ridiculizados, maltratados y obviamente derrotados en su intento de poner orden en la situación relatada. La mínima programación que propone contenidos de creciente calidad educativa, asombrosas ventanas a fenómenos, lugares y personas de un mundo que seguramente no podremos llegar a conocer de otra forma, capturan la atención de una también mínima porción de audiencia, nuevamente los pocos, los raros, los tragas, los comelibros, las ratas de biblioteca, que a mas del esfuerzo intelectual deben afrontar las consecuencias de esta diferencias desvalorizante.

-Desde la Sociedad; Simplemente podríamos sumar los ítems hasta este momento detallados, para tener un panorama cierto de la trascendencia que la sociedad como cuerpo vivo de la nación, le otorga a la educación. Aún persiste en leve grado el impulso, la inercia de tiempos mejores, en los que, independientemente de la metodología utilizada, los resultados eran abrumadoramente superiores a los que hoy muestra el cuerpo social.

A contramano de un mundo que a fuerza de adelantos tecnológicos, pone a disposición de todos y en todo lugar, un caudal de información abrumador en cantidad y calidad de contenido, a contramano confirmo, de la creciente y epidémica determinación de ignorar, no informarse, no aprender, no saber enseñar, no mostrar ejemplos, no exhibir valores, no enaltecer conductas positivas, no señalar ni acompañar el transitar de otros caminos.

La lectura ha dejado de ser un hábito, y nada mejor lo ha sustituido, los interrogantes sobre cuestiones de apenas mediana trascendencia, ya no están insatisfechos, simplemente no existen, nuestros hijos no se los plantean ni nos los plantean.

Simplemente no los tienen, como tampoco tienen proyectos, planes ni deseos que se aventuren más allá del próximo sábado, la próxima fiesta o las próximas vacaciones.

Menos aún pensemos en la vuelta a aquellas reuniones de amigos, que café por medio se enfrascaban en livianas discusiones sobre los respectivos futuros, las inquietudes personales o profesionales, sin dejar de lado por eso, el disfrute del merecido esparcimiento, compensación de la tarea cumplida.

Es hoy el estruendo de la música, la intensidad de las luces y el derroche de alcohol y estimulantes, el marco de reunión propicio, para debatirse en las mínimas palabras de un vocabulario paupérrimo, a los solos efectos de estar, simplemente estar, mostrarse y mirar, en un principio parados, luego grotescamente despatarrados en algún sillón y finalmente inermes en el piso, intoxicados, saturados de bebidas.

Muchos de nuestros hijos, lamentablemente demasiados, encuentran que esto es “pasarla bien”.

Y la violencia, la más cruda cara del salvajismo, cotidiana realidad en los colegios, unas veces en forma de disimuladas amenazas, generalmente de un grupo de alumnos que se nuclean alrededor del supuesto líder, seguramente el peor de ese grupo de mediocres.

CUADRO DE SITUACIÓN (4)

Dicha atribución se ejerce discrecionalmente, con nichos de corrupción en la misma estructura, que permiten abreviar tiempos de trámites u omitir exigencias reglamentarias de habilitación, que en algunos casos llegan a extremos de absoluta ridiculez.

Valga el ejemplo de la obligatoriedad de que el nombre del establecimiento sea en idioma castellano, recorran ustedes su memoria y saquen sus conclusiones.

-Desde el cuerpo Docente: También en este ítem vale la separación en dos subclases, aquellos que se desempeñan en Establecimientos Públicos se encuentran agrupados en varias organizaciones gremiales que han sido y son protagonistas de prolongadas medidas de fuerza, reclamos salariales, reclamos de planes educativos, reclamos escalafonarios, reclamos de presupuesto y equipamiento y silencio, absoluto silencio respecto de la permanencia del denominado Estatuto del Docente, un verdadero digesto de privilegios, permisos, licencias, jubilaciones tempranas, tareas pasivas, puntaje para acceder a cargos superiores y una extensísima lista de conquistas y reconquistas que lo constituyen en el más claro ejemplo del desborde en las reivindicaciones, natural hijo de la complacencia y complicidad de las autoridades educativas de cada momento.

Nada nuevo digo al referirme a los clásicos paros de principio de año, a las amenazas de paro de mediados de año y a los esporádicos paros de todo el año. Muchos días transcurren los alumnos sin clases, antes que las autoridades, con un ojo en el almanaque saquen sus cálculos respecto a lo lejano o no de los periodos vacacionales, momento en que poco importan las protestas docentes.

Sabrán ustedes que gozamos del privilegio de ser uno de los países con menos días efectivos de clases por año calendario, o sea doce meses, y no los menos de nueve meses que utilizan las autoridades para mentirnos esta dura realidad.

Los Docentes de establecimientos Privados no disfrutan de la seguridad en el pago de sus haberes ni la estabilidad en sus funciones y ciertamente para ellos el Estatuto del Docente es una lejana quimera que nunca alcanzaran, simplemente de hacerlo, las escuelas privadas serian inviables económicamente.

Por lo cual, no hay paros en estos establecimientos, en consecuencia la mezquina cantidad de días de clases se cumplen rigurosamente, los sueldos se pagan cuando se puede, los montos son aceptados sin discusión alguna, o simplemente el docente desconforme es reemplazados por una larga lista de aspirantes, que independientemente de sus antecedentes académicos, son valorados por la aceptación de estas reglas.

Los bajos sueldos, aseguran la necesidad de sumar horas, aun en diferentes colegios, no pocas veces separados por distancias absurdas, con las consiguientes demoras, ausencias y agotamiento personal que obviamente resienten la tarea educativa.

Y por esto pagamos, convencidos por engañosa publicidad que la escuela privada es garantía de mejor educación, cuando la realidad es que en muchas zonas, el estado simplemente está ausente en la tarea educativa, la búsqueda y pago de una institución privada es en muchos casos compulsiva.

En las dos instancias, pública y privada, los cursos de actualización docente son apenas requisitos a cumplir para sumar los puntos necesarios para competir por un puesto o jerarquía escalafonaria, de todas formas carece de importancia a los fines de una supuesta mejora en la calidad educativa.

Nada nuevo hay que decir, mostrar o enseñar a los docentes, desde hace por lo menos cincuenta años.

-Desde las Familias; reiterado el concepto, las familias no van a la escuela, solo mandan a sus hijos a la escuela y ciertamente desconfían de lo que allí sucede, pero solo se atreven a mirar a través de sus hijos, de los comentarios de ellos, saben o presienten que su presencia no es bien vista dentro del establecimiento.

Los colegios se han convertido en herméticos feudos, donde solo quienes allí se desempeñan tienen derechos, cualquier planteo o discrepancia es una intromisión que garantiza frialdad en el trato, como resultado menor, de allí en más las consecuencias de persistir en la actitud, mostrara potenciales consecuencias que pocos se animan a enfrentar.

No pocos padres reconocen sentirse tratados como ignorantes y recibir explicaciones que más se asemejan a los admonitorios discursos de reprimenda a escolares de corta edad, que el abierto, franco y positivo dialogo entre quienes supuestamente comparten nada menos que la educación de un niño.

Esta ausencia de la familia en el ámbito educativo, también reconoce una progresiva y preocupante deserción de los padres en el acompañamiento de la actividad educativa de sus hijos. Quienes pueden se reemplazan gustosamente por docentes particulares, quienes no, simplemente dejan que las cosas sucedan, algunas veces por imposibilidad cultural, no pocas por comodidad.

La educación es obligatoria, el voto también lo es, en ninguno de los dos casos esta obligatoriedad asegura éxito en el fin buscado, si este fin es loable para la sociedad.

Las jornadas completas de ocho horas en el colegio, son funcionales a la actual estructura familiar, en todos los niveles de la sociedad y por diferentes motivos.

En las clases altas y medias, permite desentenderse de los hijos, dedicarse a mayores exigencias laborales o simplemente disfrutar del tiempo libre.

En las clases bajas, es una tabla de salvación que alivia el hacinamiento, asegura que los alumnos coman por lo menos dos raciones por día, pues si, bueno es que recordemos que en los últimos años, nuestras escuelas son también comedores y en no pocos casos la alimentación predomina sobre la educación como fundamento de la asistencia del niño a la escuela.

CUADRO DE SITUACIÓN (3)

El objetivo primario de estas acciones es la rápida eliminación de todo vestigio de este fracaso de gestión, cuidando celosamente que no trascienda a los medios de comunicación, con la complicidad de las autoridades de otros colegios, que ante un simple llamado telefónico de la inspección respectiva, hacen lugar donde no lo tienen, aceptan alumnos sin requisito alguno. Se justifica esta actitud en evitarle perjuicios al alumno, que ya ha sido perjudicado al perder su grupo de pertenencia, su escuela, sus docentes, su lugar y debe adaptarse en una inmediatez angustiante a esta nueva imposición.

Una vez más, de tantas, es el último en ser consultado, cuando es el primer y mayor perjudicado. Nada bueno esperemos cosechar de estas siembras.

Las máximas autoridades, solo esgrimen como diplomas de justificación, el mérito de haber sabido recorrer los vericuetos del escalafón jerárquico o simplemente haber sido nombrados por el Gobernador de turno, como reconocimiento de lealtades más que de saberes.

La estructura de este coloso burocrático es particularmente compleja y el aprendizaje más arduo al que se ven sometidos los funcionarios que lo forman, es precisamente el conocimiento de esta complejidad, que lejos de ser operativa para el área, o aunque mas no fuera, eficiente en la gestión, se transforma en una serie de obstáculos infranqueables para todo aquel que no forme parte de la estructura.

Fuertemente verticalista y consecuentemente piramidal, reduce las atribuciones de los agentes alejados del poder central a simples comunicadores, meros intermediarios entre el origen de un eventual problema y la última responsabilidad en la cadena de mando, que será la que determinara la conducta a seguir. Esta metodología, en la enorme geografía de la Provincia aludida, asegura que pocos sean quienes puedan acceder a la sede de las autoridades centrales, todo transcurrirá  por los aceitados medios de comunicación de los diferentes estamentos: Dirección General-Inspecciones Regionales-Inspecciones Zonales-Directores de Establecimientos Educativos-Consejeros Escolares comunales. En muchos casos estos niveles jerárquicos se duplican o triplican en función de: Educación Pública, Educación Privada y Educación Especial.

Es absolutamente desproporcionado el cúmulo de formularios, notas, libros de actas, libros de firmas, libros de clase, libros de asistencia, libros de calificaciones, actas de exámenes, permisos de salidas educativas, autorizaciones de toda índole, declaraciones de asunción de responsabilidad por parte de los padres, que buscan única y exclusivamente relevar de responsabilidad a las autoridades educativas en los más diversos temas.

Una abrumadora proporción de los docentes estatales, no ejercen funciones docentes, y esto ha dejado de ser novedad, desde hace tiempo, tampoco es novedad que esta situación se mantiene, sin cambios, en resumen que la autoridad de aplicación en educación ha sido incapaz de revertir esta ecuación y ninguna señal aparece que permita pensar que se modificara en el futuro.

El orden jerárquico y la secuencia burocrática de esta superestructura asegura la casi imposibilidad de acceder a los más altos niveles de mando, por cualquier simple padre de cualquier simple alumno, todo debe ser comunicado, resuelto y notificado por vía jerárquica, de forma inapelable. Lejos de garantizar agilidad en las tramitaciones o satisfacción de las demandas, este sistema garantiza, que solo unos pocos tenaces no abandonen la tarea y por ende, pocos sean quienes lleguen a verificar la real existencia de un responsable, y solo eso.

El motivo del reclamo que anime la tarea de emprender el camino, deberá esperar la eventual respuesta, en los tiempos del sistema y bajo sus reglas.

Desde los Establecimientos Educativos; la cercanía física de las autoridades de los colegios con las familias que componen su población, permitiría suponer la simplificación de las eventuales gestiones que sean necesarias. No es así, por dos motivos centrales:

  1. a) A lo largo de los años, las familias se han alejado de las escuelas, aquellos colegios que antaño eran verdaderos centros de reunión y convocatoria de grupos de pertenencia que afianzaban relaciones, están en franca declinación.
  2. b) Por parte de las autoridades del colegio el mensaje es claro, cualquier cuestionamiento a lo que sucede puertas adentro es mal considerado, quien se atreva a formularlo será visto como potencialmente peligroso para el normal funcionamiento de la institución. Se declama permanentemente las puertas abiertas a las inquietudes de los padres, muy otra es la realidad y en no pocos casos la perdida de la vacante ronda amenazante a quienes se atrevan a manifestar alguna disconformidad.

La división en dos compartimentos independientes, uno ocupado de la Educación Pública y otro de la Privada, asegura, diferentes tratamientos de semejantes situaciones.

Cualquier reclamo o diferencia que se presente en la escuela pública, remontara raudamente el canal burocrático y en los tiempos y formas establecidos, recibirá respuesta, o no.

Cualquier reclamo o diferencia que se presente en la escuela privada, recibirá un exhaustivo tratamiento dentro del establecimiento, con la sola finalidad de no crear “problemas” a la autoridad estatal, solo en última instancia, deberá ser elevada y remontara raudamente el canal burocrático y en los tiempos y formas establecidos, recibirá respuesta, o no.

Perfectamente conocen los Propietarios de escuelas de gestión privada, las consecuencias de “caer en desgracia” con las autoridades estatales, que detentan el poder de otorgar o retirar autorizaciones de funcionamiento de estos colegios.

CUADRO DE SITUACIÓN (2)

Permanecen aún en mis recuerdos, las expresiones de temor y desorientación, de aquellos alumnos, que víctimas de la última crisis económica, vieron caer la posibilidad de continuar en establecimientos de gestión privada, ya que sus padres no podían continuar soportando el costo económico.

Temor por encontrarse en un medio social diferente, en la escuela pública.

Desorientación por encontrarse con niveles superiores de formación a los que se supone ellos tenían.

Permítaseme detallar mayormente algunas realidades de esta particular “Educación de Gestión Privada”

A partir de un contenido curricular mínimo, que es en realidad, el mismo que se dicta en los establecimientos de “Gestión Pública”, los colegios privados se encuentran en la más absoluta libertad de crear a su antojo, nuevas materias, con nuevos contenidos, que supuestamente marcan la diferencia entre estos dos estamentos. La idea no es mala, solo injusta.

Pero eso a quien le importa?

De todas formas, ni siquiera semejante oportunidad fue aprovechada, estas nuevas materias ”extra programáticas” solo sirven para ocupar espacios vacíos en el horario diario, sus contenidos livianamente bosquejados, pero adecuadamente presentados ante la autoridad de control, según las formulas y ritos contemplados, son aprobados y por lo tanto se llevan adelante. Actualmente semejante desaguisado tiene dos utilidades prácticas, casualmente las dos alejadas sideralmente de la supuesta mejor formación.

En algunos casos son moneda de negociación entre padres y autoridades, para definir la promoción del alumno al nivel inmediato superior.

En otros, son fuente extra de ingreso, materias optativas, cuya cursada implica una mayor erogación que la cuota pactada, además de gastos extras por la adquisición de material didáctico, que supuestamente será destinado a ese fin.

No son pocos los padres que se enteran de este desmanejo, a través de sus hijos, hábiles lectores de la realidad, y no son pocos los alumnos que saben, certeramente que en realidad solo deben aprobar las materias consideradas “obligatorias”, deduzcan ustedes la importancia que estos alumnos le adjudican prioritariamente a las llamadas “extra programáticas”.

Saben ellos, mejor que nadie, cuál será la peor consecuencia de no aprobar dichas ”materias” y no se equivocan, así asistimos a fin del año lectivo o después de los exámenes de febrero a precipitadas negociaciones y maniobras de captación, de estos establecimientos, que flexibilizan sus requerimientos en función de las necesidades económicas, léase, matriculas que tienen.

Permitiendo de esta forma atraer a quienes deban cambiar de colegio para pasar de año, esto sucede, permanentemente, los padres lo aceptan, creyendo con esta actitud beneficiar al alumno, quien también lo acepta, creyendo beneficiarse con la promoción. Los Colegios promueven e inducen estas acciones beneficiándose económicamente de ellas.

Las autoridades educativas…………bien, gracias.

Un párrafo aparte merecen dos cuestiones en esta particular “Educación de Gestión Privada”.

La primera se refiere a los tan promocionados colegios bilingües, en los que, a contra turno del contenido curricular en castellano, se ejecutan actividades en otro idioma, supuestas materias, que en el detenido relevamiento de su contenido, muestran prontamente la liviandad de la improvisación, la ausencia de coordinación entre las áreas de los dos turnos, la superposición de temas, el diferente enfoque de los mismos tópicos, contradicciones en las informaciones dadas.

Sabemos, quienes conocemos la trastienda cotidiana, que desde tiempo atrás se ha determinado que no está aventajado en el conocimiento del idioma extranjero aquel alumno que concurre a un colegio bilingüe, si es comparado con otro que concurra a media jornada y asista dos o tres días por semana a un instituto de enseñanza de la lengua de referencia.

También conozco la realidad de alumnos, asistentes a colegios bilingües, que ante la imposibilidad de asimilar la creciente complejidad del nuevo idioma, se limitan a memorizar cortas definiciones con regular fonética, que el docente acepta como respuestas a puntuales cuestionarios.

No se le ocurra a usted, lector, preguntar a ese alumno sobre el real significado del concepto que recita, simplemente no lo sabe expresar, ni siquiera en su lengua nativa, pues no sabe de qué está hablando. Nada ha aprendido, solo aparenta saber y parece que esta cosmética, una más, alcanza.

Quienes se supone, deben, controlar, celosamente, la actividad educativa que como Estado, delegan en la gestión privada, no cumplen su tarea, los pocos ejemplos enunciados lo demuestran y mientras tanto  se suceden las aperturas de nuevos establecimientos privados, que falsamente suponemos, poseen todos los requisitos de idoneidad y solvencia que el elemental sentido común indica, para tamaña responsabilidad.

Y también se cierran, dejan de funcionar en aras de más rentabilidad en otro rubro o por mala administración o simplemente por el más profundo desconocimiento de la actividad que se encara.

En esta situación, las autoridades del área de educación, muestran en todo su esplendor, la capacidad que aquí si poseen, a los fines de liquidar la mercadería de inventario, léase los alumnos de ese fallido colegio, arbitrariamente distribuidos en otras escuelas, con una celeridad sorprendente, sin opciones, ni explicaciones.

CUADRO DE SITUACIÓN

Desde el Estado: Obviamente debe quedar sentado la inexistencia de política educacional alguna, en cualquier estamento que se analice, desde la óptica de considerar como tal a un plan maestro educativo, que como toda política de estado, se proyecte como objetivo independiente de los avatares ideológicos a que somos tan afectos.

Seguramente no se ha implementado ninguna modificación sustancial en los últimos cincuenta años, y las improvisadas cosméticas que fueron aplicadas, presentan claramente, sus consecuencias.

La mezquindad de los presupuestos destinados a la educación habla a las claras de las prioridades que se manejan en la política, algunos intentos aislados de mejoras o innovaciones de importancia, son o fueron pequeños islotes que no alcanzan la dimensión ni la fuerza para operar un resultado de masivo alcance.

En algunos distritos en particular, la crisis educativa adquiere proporciones alarmantes, y no por ser estas zonas particularmente carenciadas, desde los recursos de que disponen las autoridades.

Es el caso de la Provincia de Buenos Aires, particularmente grave por la concentración poblacional que detenta, es quizás el más dramático ejemplo de las consecuencias de idas y venidas, según los vaivenes del poder político de turno, con la complacencia de una sobredimensionada, lenta e ineficiente burocracia que  se concentra en un organismo que ni siquiera merece el nombre de Ministerio.

A poco que se estudie la trayectoria educativa de la provincia en los últimos, por lo menos treinta años, se advierte un progresivo deterioro de todos los indicadores que miden la calidad educativa, la cantidad de días efectivos de clases, la proporción de docentes-alumnos, los porcentajes de deserción, el estado de conservación de la estructura edilicia, la calidad del equipamiento de las mismas.

Desde las diferentes Universidades, que reciben alumnos de esta provincia, se conoce desde tiempo atrás y se ha informado a sus autoridades educativas en reiteradas oportunidades, de la diferencia, en algunos casos alarmantes, del grado de carencia de conocimientos, de los alumnos provenientes de ese distrito. A decir verdad, la percepción de quien escribe estas líneas es la de franca retirada de los responsables de tal desmanejo, de las responsabilidades que les competen, lejos de poder comprender esta realidad como parte de una estrategia de cualquier índole, solo puedo encuadrarla dentro de las consecuencias de una absoluta ineptitud para llevar adelante la tarea que se supone deben cumplir. En esta certeza, solo resta interpretar que asisten impávidos al devenir errático del sistema, atinando solo a improvisados remiendos, siempre tardíos, siempre detrás de las consecuencias de lo que deberían haber sido capaces de prever y aún más de evitar.

Una de las responsabilidades indelegables del Estado, de cualquier Nación que como tal se considere, seguramente la más importante responsabilidad. La Educación, transita por propia inercia, carente de dirección, planificación y objetivos, cediendo terreno permanentemente, dejando librados a su suerte a grandes espacios geográficos de su responsabilidad, de los cuales simplemente se ha ausentado, quizá deba recordar que más allá de la simple geografía que menciono, se encuentran en ella las verdaderas víctimas de este desmanejo, las familias que moran esos lugares y que deben cubrir en no pocas ocasiones distancias absurdas en procura de educación, para sus hijos.

El sobredimensionamiento de la Educación de Gestión Privada en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires habla a las claras de la certeza de las anteriores afirmaciones.

Bienvenida seria esta alternativa si fuera adecuadamente supervisada por el área de gobierno respectiva y si además, garantizara la igualdad de oportunidades para los alumnos. Todos sabemos que ninguna de estas dos premisas se cumple. La indelegable supervisión es solo formal y lejos de garantizar igualdad, aumenta la discriminación entre quienes pueden y quiénes no.

Los primeros creerán que la inversión económica que realizan les reportara una mejor oportunidad de buena formación educativa, solo lo creerán, técnicas de mercado mediante, convincentes mensajes que prometen sin retaceo, un alto nivel que saben no cumplirán, imposible hacerlo, desde el plantel docente que pueden procurar los misérrimos salarios que pagan. Bueno es que se enteren, estos padres que en muchas ocasiones postergan justas prioridades de confort y seguridad económica en pos de la mejor calidad de formación en sus hijos, que a la hora de acceder a una carrera terciaria, en no pocas oportunidades, esos alumnos formados a fuerza de sacrificio económico, no alcanzan siquiera el nivel de rendimiento de otros compañeros, provenientes de estratos económicos menos favorecidos y en consecuencia, de escuelas públicas. Este dato, celosamente guardado, es conocido por las autoridades educativas de la provincia desde tiempo atrás y si, no se sorprendan, nada se hace al respecto.

QUE APRENDEN

Debemos abordar este concepto desde dos realidades abismalmente distantes y coexistentes, así  entendido, primero pongamos atención en lo formal: Desde esta óptica se nos presentan prolijos contenidos curriculares, para cada nivel, al inicio del ciclo lectivo, detalladamente discriminados en objetivos a cumplir, con cargas horarias y etapas bimestrales o trimestrales, a poco de introducirnos en el análisis de los contenidos, en las materias, consideradas básicas, léase matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales y lengua, advertimos que, a lo largo de los diferentes niveles, se desarrollan en la secuencia denominada vulgarmente ”hojas de cebolla”.

Técnicamente consiste en la progresiva profundización de conocimientos, desde las nociones básicas a los crecientes niveles de complejidad, siempre dentro del mismo tronco temático. Este sistema se ha impuesto, más bien ha sido impuesto a la anterior metodología troncal, en la cual a partir del conocimiento profundo y completo de los conceptos fundamentales de la materia, se desprenden saberes colaterales o especializaciones, siendo cada una, a su turno, también desarrollada en profundidad, con los límites que impone los niveles preuniversitarios que estamos analizando.

Reitero que solo estamos analizando lo que formalmente se presenta, o sea estamos ante una mera enunciación de propósitos, que, de cumplirse acabadamente, arrojaría resultados, cuando menos satisfactorios en la evolución de conocimientos en sus destinatarios, los estudiantes.

Desde una perspectiva real, desde la concreción diaria de lo propuesto, la diferencia es abrumadora; Frecuentes feriados, paros docentes, inasistencias, suplencias, cambio de docentes, jornadas de reflexión docente, restan horas de clases que limitan consecuentemente la calidad o cantidad o ambas, del plan original.

La falta de material didáctico, el desconocimiento de la adecuada dosificación de los tiempos de clase, la falta de idoneidad profesional de los docentes a cargo, la ausencia del imprescindible clima de orden y atención, para desarrollar una clase, las opiniones encontradas de docentes formales y docentes particulares, sobre el mismo alumno, restan aún más las efectivas horas de enseñanza.

Fácilmente se resuelven estas falencias, salteando temas, dándolos por sabidos, remitiendo al alumno a que ya fue dictado el año anterior, lo que daría por absurda la necesidad de reiterarlo en este año, o simplemente eliminando, recortando temas. O sea invertimos la secuencia lógica cual sería ampliar la cantidad de horas, en función de los contenidos.

Tan acertado este remedio, como cortar la punta de los zapatos que compramos, a fin de que entren en la caja que es pequeña para recibirlos.

Lo no dado este año, será dado el próximo, cuando en realidad no será así, ya que el próximo año, el tema se dará por sabido y así seguimos, postergando, recortando, eliminando, mezquinando. Conviene recordar en este punto que no hablamos de zapatos ni de cajas, sino de conocimientos y alumnos, estos últimos y únicos perjudicados de estas conductas.

Ellos también tienen sus remedios, resúmenes de terceros, explicaciones apresuradas y fuera de contexto por parte de padres o docentes particulares, reducciones o simplificaciones de conceptos relativamente complejos que muchas veces se adentran en el terreno del absurdo.

De esta forma llegamos al fin del ciclo y a las evaluaciones consecuentes y aquí una vez más la omnipotente facultad del docente, que puede aprobar, desaprobar, reclamar el conocimiento que no dicto, ignorarlo, asumir sus inasistencias, omitirlas, recordar los días de paro, darlos por inexistentes, reflexionar sobre las jornadas de reflexión docente y su utilidad o añorar esas jornadas de esparcimiento donde las más jugosas reflexiones rondan el sabor de lo que se come, o la temperatura del mate o te que se toma.

Aceptar el recitado de los párrafos aprendidos de memoria, de apuntes bajados de internet, acceder al inapreciable obsequio de una carpeta de algún alumno que ya haya cursado esa materia, con ese profesor, años anteriores, en la certeza de que iguales serán los temas, iguales las explicaciones, el mismo argumento, automáticamente recitado año tras años. O simplemente la mejor creatividad estudiantil puesta al servicio de recrear técnicas de copia que permitan salir airoso del examen.

Pues de eso se trata y el fin último de un examen, la evaluación de los conocimientos incorporados, no es tal en la realidad, solo se trata de aprobarlo de llegar a la nota y obtener el pasaporte a los premios, gratificaciones, permisos o aquello que el alumno considera prioritario en su vida.

¿El progreso intelectual? bien gracias, allí espera, su revancha, cuando sea requerido para obtener mejores oportunidades en la vida.

COMO APRENDEN

La tarea de aprendizaje reconoce dos tipos de actividades: las realizadas en el Establecimiento Educativo y las que, bajo el nombre de “Tareas”, deben ejecutarse en el hogar. En el primer caso, las opciones del alumno se reducen a:

a) Cumplir las consignas y abocarse a la resolución de lo planteado, procurando las explicaciones adicionales que en ese momento detecta que precisa.

b) Simular que atiende a las explicaciones y escribe lo solicitado, mientras divaga en sus remotos paisajes o reclama la atención para sí, de alguien cercano que intenta cumplir con su tarea, quien generalmente cede a la invitación del viajante.

c) Mostrar, de forma evidente, su total independencia de la clase; caminando sin rumbo, molestando a todos, arrojando objetos, interrumpiendo el desarrollo de la actividad, consiguiendo generalmente su objetivo, cual es: ser retirado de la clase, inútilmente parado en un pasillo o dirigiéndose parsimoniosamente a recibir la sanción que ha merecido y poco le preocupa, o a la espera del timbre liberador que señala el comienzo del recreo inmerecido, pero único y realmente interesante momento del día escolar; pues este alumno va todos los días al Establecimiento a desarrollar actividades sociales, que se ven interrumpidas por largos e insoportables tiempos en los que el docente interrumpe sus necesidades, con innecesarios y absolutamente incomprensibles conceptos que, desde tiempo antes, se ha declarado incapaz de comprender y mucho menos de interesarse por ellos.

Las denominadas “Tareas” presentan menos problemas para nuestro alumno, ya que rara vez sus padres se interesarán por lo que debe hacer, más allá de una liviana pregunta, que con el solo esfuerzo de responder negativamente, le asegura poder dedicarse a sus verdaderos intereses, totalmente a salvo siquiera de intentar cumplir alguna de esas tareas, pues nada ha copiado en clase, nada ha atendido ni entendido, por consecuencia.

En el colmo del absurdo, aquellos colegios de doble jornada, ocho horas de permanencia, se declaran al borde de la insanía al pretender más trabajo aún en la casa.

Pero a no desesperar, se tejen alianzas o transacciones comerciales que aseguran que el displicente cuente con la conveniente asistencia de algún compañero que le dará la tarea lista. Todavía merodea como ejemplo la anécdota de la docente que recibió, calificó y devolvió doce tareas de Ciencias Sociales, todas copias del mismo original, sin darse por enterada de la burla.

Ciertamente estas actitudes confirman el desvalorizado concepto que los estudiantes tienen sobre sus maestros y que no abarcan solamente sus saberes específicos, avanzan hasta cuestionar su inteligencia y capacidad personal.

Los exámenes y pruebas parciales son otro tema, otro terreno de combate y otras armas. No se agendan fechas, no se prevén ni preparación de información ni evacuación de consultas, todo se resuelve en el día anterior o en los minutos anteriores al examen.

Los menos talentosos en este ejercicio del mínimo esfuerzo, marchan serenamente resignados al fracaso, reciben el examen, permanecen unos minutos ante esa hoja de papel, para ellos absolutamente incomprensible, la devuelven tan vacía como la recibieron y parten liberados a compartir un recreo más prolongado, lejos de los que quedan esforzándose en cumplir o de quienes aplican sus mejores talentos en el desarrollo del plan de copia elaborado, ante la atenta mirada del docente de turno, generalmente vigilando, concentrado en:

-la tarea de escribir y leer los mensajes de texto, que intercambia por su celular, aquel que expresamente ha sido prohibido a los alumnos.

-retocándose el maquillaje.

-comiendo un refrigerio en su escritorio o conversando con algún colega que ayuda a pasar esos momentos de ocio.

Fin de año es el momento de las suplicas, las extorsiones, las negociaciones con padres y alumnos unidos tardíamente en el afán de no ver perturbadas las vacaciones por molestos exámenes de febrero. Se cobran y se pagan a fin de año, rencores, molestias y trasgresiones prolijamente registradas a lo largo del ciclo.

En los establecimientos educativos de gestión privada, sobre todo en los de alto costo, la presión económica es vergonzosa, las familias numerosas detentan gran poder de negociación, el riesgo de perder tres o cuatro matriculas obliga a mirar los resultados de los exámenes con los dos ojos; El del Docente y el del Administrador, y obviamente el docente cierra el suyo, de esas matriculas depende su sueldo.

Bueno es que sepan quienes no sepan que los alumnos conocen todo esto y ellos también se amparan en estas conductas de evasión, más que ninguno tienen la certeza de pasar de año, aprobar, ser promovidos, independientemente de si saben o no. Y aciertan y al hacerlo sonríen y confirman y al hacerlo aprenden, en magnificas clases prácticas, los rudimentos de la corrupción, y así vamos.

Y el progreso intelectual? Bien gracias, enriquecido por estas lecciones de vida, de supuestos valores, en realidad contravalores, que esos si, han sido bien aprendidos.

QUIENES APRENDEN

Educandos, alumnos, escolares, estudiantes…; carece de relevancia el rótulo, en tanto y en cuanto, no reconozcamos qué representa cada una de estas denominaciones.

La evolución se produce, fatalmente, y en total libertad de los intentos que por detenerla o apenas demorarla se realicen. Así debe ser, como última garantía del mejor crecimiento de los integrantes de la especie humana, y bueno es que nos anoticiemos, a la brevedad posible, de la inutilidad de los esfuerzos, algunas veces patéticos, otras casi criminales, que puedan intentarse al respecto.

Quienes reciben la enseñanza, ya no son seres pasivos; se han convertido en cuestionadores, contestatarios, interrogadores que, no pocas veces, ocupan el espacio cedido por la mediocridad del supuesto educador, quien sucumbiendo a la tentación de repetir como letanía los mismos conceptos, año tras año, se ha bajado del tiempo, del progreso, de la actualización, y se ha refugiado en la burbuja de sus primeros saberes; sólo la reiteración de los mismos le permite transmitir una fachada, apenas, de superioridad intelectual.

De ser esto detectado por quienes, supuestamente, nada tienen para cuestionarle, generará un creciente alud de planteos, preguntas y opiniones, difíciles de responder por quien sólo encuentra seguridad en la altura de una tarima o en la trinchera de un escritorio.

Los antídotos ante esta irreverencia, ante el improcedente desafío a la autoridad formal, dolorosamente lejos de la natural aceptación al mayor saber, no son, por conocidos, menos vergonzantes.

Sanciones, exámenes sorpresivos, cuestionarios abiertamente capciosos, criterios de evaluación en los cuales el ítem “concepto” es blandido como espada justiciera contra el osado de turno. La complicidad del sistema garantiza el seguro escarmiento.

El docente es  el poseedor de la razón, y difícilmente alguien logre demostrar lo contrario sin sufrir las consecuencias de la no renovación de la matrícula en ese colegio, a más de serias dificultades para conseguir otro establecimiento donde insertarse, gracias al eficiente sistema de comunicación que, para estos casos, funciona acertadamente.

Pero siguen evolucionando. Atrás ha quedado el respeto a los años por sí mismos: la experiencia se llama antigüedad, la serenidad es inseguridad o, peor aún, miedo; la paciencia es debilidad o estupidez; la severidad es prepotencia y desafío, que ciertamente están dispuestos a aceptar.

En todas estas actitudes, reflejan sus modelos:

- Los familiares, que desgraciadamente y con frecuente razón, desvalorizan al docente en las esporádicas charlas de entrecasa.

- Los sociales, que permanente preconizan la superioridad de la astucia sobre la inteligencia, de la mentira sobre el juego limpio, de la fuerza sobre la razón, de la capacidad para adaptarse a la selva real por la que transitarán toda la vida, en lugar de prepararse para transformarla en un mejor lugar para vivir.

Y siguen evolucionando. Beben, se embriagan habitualmente; las drogas y la pornografía los rondan desde temprano, cuando aún no comprenden de qué se trata. Interfieren las comunicaciones escritas entre padres y colegio, ya sea para falsificar una firma que da por notificada una mala nota, o para transformar esta misma nota en una mejor.

Fraguan autorizaciones para retirarse más temprano o para justificar el incumplimiento de una tarea. Crean y recrean métodos y estrategias para reemplazar los conocimientos no estudiados por la rapiña intelectual de la copia o por el burdo resumen que tienen al alcance de la mano, con sólo ingresar en la Web y recorrer los sitios que ofrecen la posibilidad de parecer saber lo que, en realidad, se ignora.

La diaria tarea del alumno se ha convertido en la diaria supervivencia que, ejercida día a día, se transforma en la rutina de ser estudiante sin estudiar y de transgredir sin consecuencias. La escuela es un espacio de juego y liberación; la tarea de aprender es una molestia a evadir y los eventuales momentos en que, acorralados por las consecuencias de esta actitud, deben afrontar sus carencias, los encuentra imposibilitados de remontar la adversidad por carecer de los conocimientos, de la forma de incorporarlos y de la actitud de aplicación al estudio, que les es ajena, desagradable y amenazante.

No para su futuro, al que no consideran, sino por la eventual pérdida de alguno de sus valores más preciados, como permisos de salida, los últimos adelantos tecnológicos de juego a su disposición o cualquier otra prerrogativa de solaz que reciben sin méritos que las justifiquen y ocupan casi todo el tiempo de sus vidas.

Los padres temen a sus hijos, temen sus reacciones, los chantajes afectivos, las conductas inmanejables, los reproches justificados por la soledad en que se desarrollan. Por esta razón, la tolerancia es de una laxitud sorprendente; los límites impuestos en un momento de ira, prontamente se negocian, o simplemente se indultan, en una demagógica actitud que busca más el perdón que la enseñanza de vida.

Los padres no comparten la tarea de aprendizaje con sus hijos, en algunos casos, por la imposibilidad intelectual de acercarse a saberes complejos para sus conocimientos; y en una lamentable mayoría, por comodidad, simplemente por no estar dispuestos a “desperdiciar” tiempo de sus actividades laborales o sociales en esta cotidiana forma de acercamiento, en este inapreciable momento de compartir una tarea en común.

Y en esta realidad, se comprende la genuina sorpresa de estos padres al enterarse, por lo general muy tarde, de la verdadera situación que atraviesa su hijo en la actividad escolar. La consecuente reacción será más de lo mismo. Aceptarán que el docente, o la escuela en general, es la primera responsable del fracaso; excusarán a sus hijos de protagonismo alguno en el desastre; aplicarán todas sus energías en rodearlo de maestros particulares que les arrojen el puntual salvavidas que para el puntual examen precisan; volviendo de inmediato a ocuparse de sus personales cuestiones, convencidos de que se obrará el milagro de superar el examen, aprobar el trimestre o pasar de año, únicos fines importantes en esta peculiar percepción de la tarea de estudiar.