COMO APRENDEN

La tarea de aprendizaje reconoce dos tipos de actividades: las realizadas en el Establecimiento Educativo y las que, bajo el nombre de “Tareas”, deben ejecutarse en el hogar. En el primer caso, las opciones del alumno se reducen a:

a) Cumplir las consignas y abocarse a la resolución de lo planteado, procurando las explicaciones adicionales que en ese momento detecta que precisa.

b) Simular que atiende a las explicaciones y escribe lo solicitado, mientras divaga en sus remotos paisajes o reclama la atención para sí, de alguien cercano que intenta cumplir con su tarea, quien generalmente cede a la invitación del viajante.

c) Mostrar, de forma evidente, su total independencia de la clase; caminando sin rumbo, molestando a todos, arrojando objetos, interrumpiendo el desarrollo de la actividad, consiguiendo generalmente su objetivo, cual es: ser retirado de la clase, inútilmente parado en un pasillo o dirigiéndose parsimoniosamente a recibir la sanción que ha merecido y poco le preocupa, o a la espera del timbre liberador que señala el comienzo del recreo inmerecido, pero único y realmente interesante momento del día escolar; pues este alumno va todos los días al Establecimiento a desarrollar actividades sociales, que se ven interrumpidas por largos e insoportables tiempos en los que el docente interrumpe sus necesidades, con innecesarios y absolutamente incomprensibles conceptos que, desde tiempo antes, se ha declarado incapaz de comprender y mucho menos de interesarse por ellos.

Las denominadas “Tareas” presentan menos problemas para nuestro alumno, ya que rara vez sus padres se interesarán por lo que debe hacer, más allá de una liviana pregunta, que con el solo esfuerzo de responder negativamente, le asegura poder dedicarse a sus verdaderos intereses, totalmente a salvo siquiera de intentar cumplir alguna de esas tareas, pues nada ha copiado en clase, nada ha atendido ni entendido, por consecuencia.

En el colmo del absurdo, aquellos colegios de doble jornada, ocho horas de permanencia, se declaran al borde de la insanía al pretender más trabajo aún en la casa.

Pero a no desesperar, se tejen alianzas o transacciones comerciales que aseguran que el displicente cuente con la conveniente asistencia de algún compañero que le dará la tarea lista. Todavía merodea como ejemplo la anécdota de la docente que recibió, calificó y devolvió doce tareas de Ciencias Sociales, todas copias del mismo original, sin darse por enterada de la burla.

Ciertamente estas actitudes confirman el desvalorizado concepto que los estudiantes tienen sobre sus maestros y que no abarcan solamente sus saberes específicos, avanzan hasta cuestionar su inteligencia y capacidad personal.

Los exámenes y pruebas parciales son otro tema, otro terreno de combate y otras armas. No se agendan fechas, no se prevén ni preparación de información ni evacuación de consultas, todo se resuelve en el día anterior o en los minutos anteriores al examen.

Los menos talentosos en este ejercicio del mínimo esfuerzo, marchan serenamente resignados al fracaso, reciben el examen, permanecen unos minutos ante esa hoja de papel, para ellos absolutamente incomprensible, la devuelven tan vacía como la recibieron y parten liberados a compartir un recreo más prolongado, lejos de los que quedan esforzándose en cumplir o de quienes aplican sus mejores talentos en el desarrollo del plan de copia elaborado, ante la atenta mirada del docente de turno, generalmente vigilando, concentrado en:

-la tarea de escribir y leer los mensajes de texto, que intercambia por su celular, aquel que expresamente ha sido prohibido a los alumnos.

-retocándose el maquillaje.

-comiendo un refrigerio en su escritorio o conversando con algún colega que ayuda a pasar esos momentos de ocio.

Fin de año es el momento de las suplicas, las extorsiones, las negociaciones con padres y alumnos unidos tardíamente en el afán de no ver perturbadas las vacaciones por molestos exámenes de febrero. Se cobran y se pagan a fin de año, rencores, molestias y trasgresiones prolijamente registradas a lo largo del ciclo.

En los establecimientos educativos de gestión privada, sobre todo en los de alto costo, la presión económica es vergonzosa, las familias numerosas detentan gran poder de negociación, el riesgo de perder tres o cuatro matriculas obliga a mirar los resultados de los exámenes con los dos ojos; El del Docente y el del Administrador, y obviamente el docente cierra el suyo, de esas matriculas depende su sueldo.

Bueno es que sepan quienes no sepan que los alumnos conocen todo esto y ellos también se amparan en estas conductas de evasión, más que ninguno tienen la certeza de pasar de año, aprobar, ser promovidos, independientemente de si saben o no. Y aciertan y al hacerlo sonríen y confirman y al hacerlo aprenden, en magnificas clases prácticas, los rudimentos de la corrupción, y así vamos.

Y el progreso intelectual? Bien gracias, enriquecido por estas lecciones de vida, de supuestos valores, en realidad contravalores, que esos si, han sido bien aprendidos.